miércoles, 4 de marzo de 2015

La llegada del fracking a España no debería hurtar el debate social



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Con el anuncio de la compañía canadiense BNK de interesarse por perforar pozos de exploración para hidrocarburos en la provincia de Burgos, las autoridades de esta comunidad autónoma dispondrían últimos permisos ambientales y sobre la disponibilidad de suelo para lanzar un proyecto que cuenta con las bendiciones del ejecutivo de Mariano Rajoy.

Si bien la apertura del fracking contaría con la oposición de algunos partidos del espectro político español, la coincidencia entre el color político del ejecutivo, la comunidad autónoma y los ayuntamientos afectados por los futuros pozos de exploración, podría facilitar el proceso.

Para favorecer la aceptación del proyecto entre los ciudadanos de las zonas afectadas el gobierno anunció una serie de incentivos económicos para los municipios y los propietarios del suelo con una interpretación nebulosa al intentar asociarlos a las tareas de exploración o con las de explotación de los hidrocarburos.

El debate sobre el fracking aparece polarizado, al igual que en otras partes del mundo, entre una industria que define el proceso como seguro y sobradamente probado y unos opositores que lo definen con muchas incertidumbres que podrían influir en el medio ambiente y la salud.

El gobierno ha intentado mantener una mínima exposición mediática ante el tema, apoyando la oportunidad energética y el trabajo de las empresas pero huyendo de entrar en la discusión sobre la incidencia en temas ambientales y otras influencias negativas para las comunidades afectadas.

La polémica sobre el fracking también es causa de debate en Europa, que habría llegado a la solución salomónica de que cada país fuera dueño de sus propias decisiones. Así, como respuesta encontramos de todo, prohibiciones, moratorias, experiencias locales controladas y apuestas convencidas en el proceso. En esta última respuesta se encontraría el Reino Unido y una España que estaría dispuesta a seguir y copiar algunos de sus pasos.

La apuesta por el fracking fue más temprana entre los países situados en el este europeo. En alguno de ellos una prometida independencia energética del gas ruso habría llevado a gobernantes y a parte de la población a sentirse exultantes ante esa posibilidad. La respuesta inmediata se tradujo en la apertura sin reparos a las compañías energéticas capaces de entregar el gas fijado en el esquisto. 

Ucrania, Lituania, Polonia o Rumania, entre otros países, “bendecidos” con unas reservas estimadas de esquisto importantes, vieron como algunos de los “grandes” del petróleo y del gas se interesaban por la labor de aflorar esa gran riqueza del subsuelo. 

Después, con el tiempo, pasó de todo. Oposición al fracking de ecologistas y habitantes de las poblaciones afectadas, impuestos altos según las compañías, engorrosas precauciones medioambientales, burocracia desesperante, toda una colección de razones que pudieron ser leídas en artículos periodísticos del momento. De hecho, hasta Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN, aludió a secretas partidas económicas de origen ruso dirigidas a los grupos ecologistas para perjudicar el fracking y beneficiar al gigante petrolero Gazprom.

Sin embargo, dos de aquellos países no parecían presentar demasiada estima por la supuesta influencia rusa, ni por parte de gobernantes ni de ciudadanos.

Polonia y Rumania, eran depositarios de unas supuestas importantes reservas de gas de esquisto. Especialmente la Administración de Información de la Energía de Estados Unidos (EIA) había calculado las mayores de reservas de esquisto no probadas en una afortunada Polonia y a mucha distancia de las reservas del resto de los países, excepto de Francia que si bien prácticamente competía en el volumen,  consideró desechar el fracking casi desde el principio.

Con el paso del tiempo y a medida que se fueron perforando pozos, la alegría dejó paso la escepticismo. Los pozos exploratorios en Polonia no produjeron un volumen de gas que los hiciera comerciales, además de presentar nitrógeno, que encarecería sobremanera el gas en caso de tener que hacerlo desaparecer. Las cifras fueron revisadas y las reservas no probadas fueron bajando hasta finalmente reconocer que las estimaciones iniciales podrían estar sobrevaloradas hasta en un ¡90%!.
 
Respecto a la famosa cuenca de esquisto de París, se reconoció que podía pertenecer más al terreno de los deseos que al de la realidad. 

En el resto de los países los resultados finales pasaron más desapercibidos y tuvo más difusión los supuestos esfuerzos de financiación encubierta del Kremlin por malograr la oportunidad del esquisto en esos países. Así, se planteó en Ucrania y en alguna otra ex república soviética. Las acusaciones en Rumania levantaron la indignación de los grupos ambientalistas que llegaron a escribir una carta de réplica a un artículo del The New York Times sobre el tema. 

El caso es que con o sin dinero ruso las exploraciones dieron unos aparentes resultados que no encajaron con “la oportunidad de futuro del esquisto” y los grandes, Chevron, Exxon o Total hicieron las maletas buscando mejores geologías donde meter la broca de perforación.

En Estados Unidos las previsiones de la EIA también han tenido su parte de polémica. Si el tema empezó con un Obama exclamando sobre ¡los 100 años de gas! , parece que el tema va de descumplir años. 

Un grupo de investigadores universitarios hicieron un estudio detallado de los mapas de esquisto y encontraron que los estudios oficiales habían utilizado los valores de “puntos dulces” en la perforación (enclaves con un gran flujo de gas o petróleo) y los habían extrapolado a extensas zonas donde el flujo real se consideraría más humilde.

Así, con una prensa pro-fracking publicando artículos de alabanza por un lado, las publicaciones científicas por otro y unas declaraciones confusas (casi balbuceantes) de la EIA en medio, la previsión de años de explotación parecían ir encogiendo.

Finalmente, Fatih Birol, economista jefe y director de economía de la energía a nivel mundial de la Agencia Internacional de Energía (AIE) y economista jefe en excedencia de la IEA habló en el WORD ENERGY OUTLOOK de 2014 sobre el papel de Oriente Medio en aportar el petróleo que se demandará al entrar Estados Unidos en una meseta de producción en ¡2020!.

Con la carpeta del esquisto que se cierra en el este de Europa, solo queda el oeste. Sin embargo, diferentes voces expresan la imposibilidad de repetir el “milagro norteamericano”. Densidad de población, normativas medioambentales, una legislación más estricta. Recientemente, voces de científicos europeos han reclamado relajarse y probar las posibles afectaciones de la técnica, estudiar sobre las reservas reales y sobre todo saber si el tema es realmente rentable.

BP en su último Outlook que abarca una proyección de futuro hasta 2023 no ve ningún papel protagonista para el esquisto.

Si la petrolera británica es escéptica, Camerón ha metido un “órdago a la grande” con el esquisto, después de enfrentarse a algunos de sus propios parlamentarios, a unos ambiguos laboristas, a los nacionalistas escoceses, que llevaron el fracking al debate de la independencia, a los galeses, celosos de los escoceses, y al propio Sinn Fein que saca pecho con el fracking en Irlanda del Norte.

Y ahora, a finales de enero, llega Fatih Birol y le dice que si quiere seguridad energética que se dedique a las nucleares, que eso del fracking, ¡vamos que no lo ve!

Alemania por otra parte ha empezado a coquetear con el fracking, pero es muy pronto para saber, a pesar del interés de Exxon, hasta donde llegará la apuesta por el esquisto.

Y ahora quedamos nosotros, España, los menos bendecidos en las aparentemente exageradas predicciones de reservas de la EIA. Sin embargo, unas predicciones tan discretas debería servir para reflexionar y poner en la balanza los beneficios y los perjuicios a priori. 

Porque los perjuicios existen, hasta con la exploración.

En cualquier caso, es interesante destacar que el ministro Soria sería poseedor de un informe de la industria implicada en los permisos que daría unas previsiones de reservas de hasta ¡8 veces! superior a las estimadas por la IEA. Por si alguien no se acuerda, puede consultar las noticias en europa press o el diario Expansión del momento. 

Incluso la IEA defendía que por tierras del Ebro, por donde gobierna Dña Luisa Fernanda Rudi, las posibilidades de encontrar algo eran del 2%, la última prospección en Canarias era del 20%.

La EIA sólo identificaba hidrocarburos en la cuenca vasco-cantábrica. Claro que con lo pequeñito que es todo por aquí, merecería la pena valorar los pros y los contras antes de cambiar el aspecto del entorno para siempre.

En cualquier caso, el ministro Soria debería publicitar ese informe de la industria y que pudiera ser contrastado por otros profesionales que no estuvieran directamente implicados en el proceso. Sin duda, incluso a nivel internacional, no faltarían opiniones.  




Nota.- Todos los datos de este escrito están referenciados en artículos periodísticos y científicos que aparecen en este blog





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