jueves, 2 de julio de 2015

Dracmatizar







Publicado en El País
Por Ernesto Ekaicer
1 de julio de 2015 


Grecia ya ha entrado desde la medianoche de ayer hora peninsular española en situación de impago/mora respecto de 1.550 millones de euros que debía abonar al Fondo Monetario Internacional (FMI). El referéndum del domingo 5 de julio tendrá lugar, pues, en una situación de default, probablemente el primero de otros que van a producirse en las próximas semanas.

Toda la atención se concentra ahora en el referéndum y en sus consecuencias. La consulta, anunciada cuando existía una propuesta de los acreedores, se va a materializar sin ella, habida cuenta de que ha sido retirada horas después de conocerse, precisamente, la  intención de convocar el referéndum.

¿Qué pasa si gana el “no” a la oferta ya retirada de la Troika, es decir el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE), que recomienda el Gobierno de Syriza?

El Gobierno de Tsipras, según su propia hoja de ruta, se presentaría en Bruselas ante los hombres de negro. Y propondría reanudar las negociaciones sobre la base del respaldo popular alcanzado en la consulta.

Se abriría una nueva ronda de reuniones con los acreedores y el Eurogrupo. No parece que los acreedores vayan a ceder ante los resultados de una consulta. Por razones políticas y económicas. Lo primero porque una cesión supondría abrir las puertas a la consulta con el pueblo en otros países de la Eurozona con problemas económicos, financieros y sociales parecidos, aunque no idénticos. Y, desde el punto de vista económico, porque los acreedores y sus representantes no van a cambiar lo esencial. Ni su diagnóstico ni la medicina que recetan.

     ¿Y Syriza?

Tsipras ha insistido en que la consulta del domingo no va sobre la permanencia de Grecia en el euro sino sobre las exigencias de austeridad. Ergo: si gana el “no” carecería de un mandato para solicitar la salida del euro. En otros términos, la respuesta a un nuevo empantanamiento de las negociaciones difícilmente podría ser: los ciudadanos griegos se han pronunciado por abandonar el euro y nos vamos.

En cuanto a los mercados, el “no” provocaría una mayor inestabilidad que la conocida estos días tras la convocatoria y el primer default. Y, por tanto, una intervención quizá mayor del BCE.

¿Qué pasa si triunfa el “sí” a las exigencias de la propuesta ya retirada que recomienda la oposición, la derecha de Nueva Democracia y los socialistas del PASOK?

El Gobierno de Syriza habría perdido el referéndum. Por tanto, Tsipras dimitiría y se convocarían elecciones generales anticipadas, digamos, en treinta o cuarenta y cinco días.

Durante este periodo y después de las elecciones, mientras se forma un nuevo gobierno, suponiendo que hay un claro resultado en las urnas, las negociaciones con los acreedores tendrán que esperar. Se mantendría, lógicamente, el control del movimiento de capitales y todas las medidas de emergencia adoptadas por el Gobierno de Syriza a petición del Banco Central Europeo.

Y una vez sentado el nuevo gobierno con los acreedores y el Eurogrupo en Bruselas volveríamos a ver por enésima vez la misma película.  Solo que con un “sí” los mercados recuperarán al menos durante cierta etapa su optimismo hasta ver el resultado de las nuevas conversaciones.

En otros términos, el referéndum, con todo lo democrático que es, no puede ser considerado la panacea.

Cuando uno escucha al economista jefe del banco norteamericano Citi, el profesor Willem Buiter, decir, como acaba de hacerlo, que “la actitud de los acreedores es desastrosamente cortoplacista, tratan de extraer sangre de las piedras”, ¿qué otra cosa más dura se puede decir sobre la Troika y los Gobiernos, que son quienes han asumido gran parte de la deuda que antes era privada? ¿Qué otras palabras más dramáticas cabe pronunciar sobre los que, vaya, han “nacionalizado” la deuda pública helena antes en manos privadas, sobre todo de bancos alemanes y franceses?

Por cierto, Buiter y su colega Ebrahim Rahbari acuñaron, en febrero de 2012, el término Grexit.

El FMI a través del servicio de estudios entonces dirigido por su economista jefe, Olivier Blanchard, hizo mea culpa al admitir que se había equivocado tanto en la dosis de medicina (austeridad) impuesta como en su pronóstico de recuperación. Hace pocos días, el entonces director gerente, Dominique Strauss-Kahn, artífice del programa de 2010, acaba de reconocer que él y su equipo cometieron un error estratégico monumental y que es necesario hacer una prórroga de los plazos y una quita significativa de la deuda pública nominal.

Por todo esto resulta surrealista que la directora gerente del Fondo, Christine Lagarde, dijera en una de las reuniones del Eurogrupo que se necesitaban "adultos en la sala para avanzar".

El profesor Paul De Grauwe, de la London School of Economics, ha elaborado estos días un nuevo trabajo que desafía la versión convencional sobre la deuda griega. Su conclusión es que después de las reestructuraciones y reducciones, el vencimiento medio es de dieciséis años, un plazo bastante más largo que el de los bonos que emiten los gobiernos de varios países de la Eurozona.

De Grauwe señala que la cifra del 175% de la deuda pública respecto del PIB exagera la carga de la deuda. Se basa en el cálculo de Zsolt Darvas, del Instituto Bruegel, quien estima que el pago de intereses es del 2,6% anual, una tasa razonable o baja en términos internacionales, más reducida que la de países como España, Francia, Portugal, Italia, Irlanda, Bélgica. “Si Grecia puede crecer su gobierno es solvente”, sostiene De Grauwe.


Es posible que De Grauwe, uno de los economistas más brillantes de Europa, el que ha conseguido después de años de prédica que el BCE avance hacia lo que debe ser un verdadero banco central, un prestamista de última instancia, tenga razón. Pero a estas alturas no le falta menos al economista Konstantinos Venetis, de Lombard Street Research, cuando dice que en la situación actual se ha mezclado todo. En la bola se nieve se ha dilapidado “dinero, credibilidad, liquidez acumulada, crisis bancaria y política y [ello] se ha convertido en un problema de sostenibilidad”.

¿Qué hacer?

Si el referéndum no conduce a la solución, según la descripción de los escenarios apuntados, ¿por qué no orquestar una salida creativa? Los defectos de fabricación del euro no prevén mecanismos de expulsión o de salida. Pero se puede inventar.

Hay que ir a la dracmatización. 

Esto es: la dirección política del euro debe reconocer que ha fracasado, que su arsenal de recetas solo ha servido, como ya ha asumido en teoría el FMI, para desintegrar la economía y la sociedad helena. Que dentro del sistema euro no se encuentra manera de poner en pie la economía helena. Que el horizonte de “extraer sangre de las piedras” debe ser sustituido por otro donde se pueda atisbar la luz del túnel.

Y para amortiguar la previsible nueva depresión inmediata, la UE debe promover la salida en armonía de Grecia de la Eurozona. Una salida ordenada debería ir acompañada de una quita sustancial de la deuda y la restitución del dracma. Grecia, dentro de la UE, podría reconsiderar en su momento si le interesa solicitar el reingreso.

Aunque el sector exportador griego no tiene una relevancia excepcional, la depreciación del nuevo dracma será más eficaz que la devastadora devaluación interna sufrida por Grecia a lo largo de cinco años para estimular el crecimiento, devaluación que ha provocado una pérdida de producción del 25% y una tasa de paro del 27%.

La crisis no se superará con la salida del euro, pero al menos Grecia recuperará su autonomía para decidir por sí misma y quebrará el ciclo de endeudamiento interminable.

La crisis en curso es una crisis económica de alta concentración política y ofrece posibilidades para cambiar el rumbo. Esos adultos que busca Lagarde en la sala, de estar presentes, deberían abandonar su fanatismo/fundamentalismo y promover la dracmatización. Más pronto que tarde.

A dracmatizar, no sé si en esto Kavafis o Mikis Theodorakis seguirían al gran poeta chileno Víctor Jara. Pero habría que ponerse manos a la obra.



Para acceder al artículo, 

http://blogs.elpais.com/analitica/2015/07/dracmatizar.html



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