viernes, 19 de febrero de 2016

No Fracking Valles Pasiegos SI firma





Los abajo firmantes

 

Los partidos políticos tiene que limpiarse a fondo. Apestan



Publicado en El País
Por Jorge M. Reverte
18 de febrero de 2016 


Santos Juliá ha tenido de nuevo la capacidad de movilizar en torno a su opinión a una montonera de gente que está hastiada no de la política, pero sí y mucho de sus administradores. Se nota en cuanto uno tiene contacto con algún amigo. El hartazgo es multitudinario, individual y colectivo, y tiene un objetivo muy claro que es la corrupción que todo lo impregna en este país.

No se trata sólo de unas siglas, es una sucesión, una enfermedad que asuela el país, tomado entero o a cachos. Es la Púnica, es el caso Nóos, es el 3%, son las tarjetas black. Desde los aledaños de La Zarzuela o La Moncloa, o la plaza de Sant Jaume, parecería que tenía que haber un AVE para ir a la Audiencia Nacional. En España se roba, se roba a manos llenas, y lo hacen la gente más culta y la que tiene supuestamente mejor cuna. Los ladrones son socialmente transversales. Y las coartadas, universales.

Y Santos dice “que se regeneren ellos”. Ahora está hablando inequívocamente del PP, que ha llegado a unos límites indescriptibles con la capacidad de robar los caudales públicos. Antes lo podía haber hecho de Unión Mallorquina, del PSOE, de Convergencia o de Unió. El caso es que los partidos políticos españoles han sido, con pocas excepciones, unas eficientes asociaciones de malhechores. Pero los necesitamos, así que les exigimos que se limpien a fondo para seguir viviendo en democracia. Apestan.

Hoy se presenta un libro en Madrid que no habla de eso pero sí de su complemento necesario, que es la busca de la eficiencia. España podría ser un país puntero si los políticos que gobiernan y los ciudadanos que controlan empresas siguieran las mínimas normas de la buena gobernanza. El libro España estancada (Carlos Sebastián, Galaxia) enumera esas condiciones. Una España limpia y gobernada con sensatez es posible, no se trata de una utopía. Lo primero que hace falta está ya hecho: identificar los problemas y decir dónde están. Luego hay que votar a la gente que dé garantías de que sabe de qué estamos hablando y de que está dispuesta a jugarse el poder y las amistades cuando ejerzan el mando.

Y antes unas pocas palabras: "los abajo firmantes, hartos de la corrupción y la ineficiencia reinantes…".



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