lunes, 6 de junio de 2016

Marrones







Publicado en El País
Por Enrique Gil Calvo
5 de junio de 2016 


Nos podrá parecer injusto, pero lo cierto es que Pedro Sánchez se anuncia como el perdedor moral de esta campaña, si carga con el voto de castigo que se le adjudica como principal responsable del fracaso de la XI Legislatura, tras su veto al PP (“No es no”) y su incapacidad para sortear las trampas que le tendía Iglesias. Un voto de castigo que ahora parece más merecido que nunca, con el procesamiento por prevaricación (tras eludir la fiscalización de la Intervención General del Estado) de los dos últimos presidentes federales del PSOE. Y un voto de castigo que por el contrario no afectará al multicorrupto PP, al que los electores perciben como el más seguro valor-refugio ante la debacle a la griega que se anuncia si venciera el posmoderno frente popular de Unidos-Podemos.

Es la más sólida baza de la estrategia vencedora de Rajoy: o el caos o yo. También Iglesias, tras pactar con Garzón, presenta un relato estratégico de indudable atractivo mediático: el épico sorpasso destinado a dividir y separar a la izquierda española en dos orillas irreconciliables. Tanto es así que el PSOE amenaza con quedar laminado por el doble bocado de la tenaza que forman Podemos-IU y la pequeña coalición PP-C’s, como mal menor ante el temor al lobo feroz. Y mientras tanto ¿cuál es la estrategia o el relato de Pedro Sánchez? ¿“No es no”, de nuevo? ¿Ni Iglesias ni Rajoy?

¿Por qué sigue apostando el PSOE por un aspirante tan fallido como Sánchez, si no parece capaz de conducirle a ningún puerto mínimamente seguro? ¿Sólo porque no se debe cambiar de caballo a mitad de carrera, o por la máxima ignaciana de no hacer mudanza en tiempo de tribulación? Me temo que la explicación es otra muy distinta. La fracturada cúpula del PSOE parece haberse puesto tácitamente de acuerdo para que sea el pardillo Pedro quien se coma el marrón del sorpasso, si se me permite usar una expresión tan chabacana como nauseabunda. Ante la evidente desmoralización de sus electores, que no encuentran ningún incentivo para apoyarles en las urnas, han designado un buco emisario, un chivo expiatorio como Sánchez, para sacrificarlo en la pira pública confiando en que así se sacie la justa ira de los dioses. Y mientras tanto los barones aguardan parapetados tras el burladero a la espera de que, al igual que pasó con Bildu en el País Vasco, el éxito electoral de Podemos apenas dure una legislatura. Y sólo después, cuando Iglesias ya se haya quemado, será el momento de buscarle al PSOE un nuevo liderazgo redentor.

Pero el problema de esta estrategia oculta es que Sánchez ha de comerse no sólo un marrón, el del sorpasso, sino dos a la vez. Pues al quedar tercero en el ranking, deberá optar entre secundar a Iglesias, formando un gobierno a la griega de frente amplio de izquierdas, o plegarse de facto a la gran coalición de Rajoy. Se admiten apuestas sobre qué opción adoptará Sanchez, si la de pasar a la historia como un tonto útil (un compañero de viaje), o como un esquirol responsable.



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